El guardián del espejo

Llegué, muy lentamente, con mis huesos cansados, hasta mi asiento de todos los días en el parque. Llevaba mi bolsa de migajas de pan y maíz para alimentar a las palomas.
Era mi primer cumpleaños totalmente solo en el mundo, y quizás fuera el último. Todos mis seres amados ya habían partido, y con mis nuevos ochenta y cinco años no esperaba nada más de la vida.
Comencé a tirar las migajas y el maíz, y las palomas empezaron a acercarse, a amontonarse, queriendo cada una ganar su bocado. Mi atención estaba puesta en ellas cuando, con una voz masculina un joven me distrajo:
- ¿Puedo sentarme junto a Ud.? – dijo
Lo miré, y su presencia tan juvenil me hizo pensar en mis años mozos.
- El lugar es público – contesté – y si no tiene problemas de sentarse junto a un viejo...
- De ninguna manera, es un placer – dijo sentándose.
Lo volví a mirar, ya sentado junto a mí, y le dije:
- ¡Cuánta vida tienes aún por delante, muchacho!
Él sonrió y me contestó:
- Y Ud. cuánta vida lleva por detrás.
- Y muchos muertos también – respondí – ya se han ido de a poco todos mis aprecios y lo único que me queda son estas simples palomas...
- Pero no se puede quejar – dijo – su vida debe haber sido buena...
- Por supuesto. He sido muy feliz, aunque también he sufrido mucho. Pero hoy daría lo que fuera por tener tu edad.
- A veces tampoco es fácil tener 23 años. Hay cosas que por falta de experiencia de uno cuesta trabajo sobrellevar.
- Con tu edad y mi experiencia, me gustaría recomenzar la vida – dije – además eres muy guapo. ¡Las cosas que haría si hoy yo fuera tú!
- ¿Y qué haría?
- Disfrutaría cada segundo de mi vida, haría las cosas que no pude hacer a tu edad pues ya estaba casado en ese tiempo, con un hijo, y las cosas eran muy difíciles , había que trabajar mucho para mantenerlos...
- Eso es lo que trato de hacer yo, por eso aún no me he casado y gracias a regalos de la vida, no tengo que trabajar.
- Eres muy afortunado. Buen mozo, joven, con dinero, sin preocupaciones....Uff!!
¡lo que daría yo por tener eso ahora!
- ¿Y qué daría? – preguntó sonriente el muchacho.
- Lo que fuera – contesté
- ¿Y eso? ¿significa mucho? – preguntó sarcásticamente
- Significa que hasta sería capaz de vender mi alma al demonio.
Me miró fijo, me sonrió y luego dijo:
- A veces uno no valora demasiado su propia alma. El alma es nuestra propia eternidad.
- Y yo daría mi eternidad por estar en tu lugar hoy con mi experiencia.
Volvió a sonreír y dijo:
- ¿Le gustaría dar un paseo?
- Mientras no tenga que mover demasiado mis cansados músculos – dije
- Ja, ja, ja,... lo llevo con mi auto que está ahí – señalando me mostró un convertible rojo último modelo, estacionado a pocos metros, en una esquina del parque.
- ¿Y ese coche tienes? ¡Cómo te envidio!
- ¿Qué me dice?
- Que es fabuloso – contesté
- No, ¿qué me dice del paseo?
- Que sí, hijo, nunca estuve sentado en un convertible último modelo...
- Entonces vamos.
Me subí a su coche, feliz de esta nueva experiencia a los 85, sin saber y sin preguntar a dónde iríamos. Al comenzar a andar, me dijo que me invitaría a conocer su casa y que quería hacerme una propuesta.
Llegamos a un edificio muy moderno. Entró el coche a la cochera y desde ahí tomamos el ascensor hasta el piso 17.
Entramos en un fabuloso apartamento, luminoso y blanco, adornado todo al estilo minimalista. Pocas cosas, lujosas y bonitas.
No entendía por qué el muchacho estaba interesado en que conociera su casa, pero no tenía nada que perder.
Me mostró todo su departamento y me dijo que él tenía todo lo que yo deseaba, juventud, dinero, salud, buena presencia, diversión, mujeres...todo.
Me ofreció algo de beber y accedí a un té.
Mientras fue a la cocina a prepararlo, me senté sobre un gran sillón de cuero blanco. Frente a mí un gran plasma ,un equipo de dvd y de música ultramoderno, a su lado, algunos libros y muchos discos compactos....
Llegó con las infusiones que depositó sobre la gran mesa baja que estaba en frente del sillón y se sentó a mi lado.
Me tomó del hombro y me dijo:
- ¿Qué le parece?
- Fabuloso hijo, todo lo que me gustaría tener, y con mi experiencia, podría tener una vida mejor ahora...
- ¿Está totalmente seguro que daría cualquier cosa por esto?
- Sí – afirmé
- Ud. puede – dijo muy seriamente mientras me invitaba a que sorbiera mi té.
Yo sonreí, y después de un gran sorbo a mi taza dije:
- ¿No sé como podría?
- Es muy fácil – dijo - yo le puedo cambiar de vida.
No pude más que reírme ante tal afirmación.
- No se ría – dijo seriamente – venga que le muestro.
Se levantó del sillón y me ayudó a levantarme. Lo seguí. Atravesamos el living y entramos a un pasillo que conducía a las diferentes habitaciones del departamento. Al final del pasillo había una puerta totalmente distinta a las demás. Antigua. De roble, tallada en arabescos, que no concordaba con el lugar. Recuerdo que pensé en mi interior en estas cosas de la modernidad de mezclar lo moderno con lo antiguo.
Llegamos frente a esa puerta y me dijo:
- Lo que le voy a mostrar y a ofrecer puede tomarlo o dejarlo. ¿Quiere que pasemos a la habitación?
Y yo, como dije antes, no tenía nada que perder y además la curiosidad me había embargado.
- Pues ya estamos en el tren – le dije - ¡Échalo a andar pues, muchacho!
Se sonrió y sacó una llave antigua de su bolsillo, que introdujo en la vieja puerta y se abrió.
Al abrirse, un halo de tinieblas mezclado con un vaho de carne putrefacta y sonidos extraños, guturales, quejidos, invadió todo mi ser.
La oscuridad interior parecía apagar por completo la claridad que entraba por la puerta abierta. Ya, los dos adentro, el muchacho cerró la puerta. Mis viejos ojos fueron acomodándose despaciosamente a esa oscuridad penetrante, del cual muy lentamente un pequeño reflejo rojo (que no sé de dónde venía) comenzó a alumbrar a penas tal penumbra.
Pude observar que la habitación era un gran cubículo pintado totalmente oscuro, sin ventanas, con una pared abarcada por un gran espejo enmarcado en madera tallada dorada, y del otro lado, una puerta aún más antigua que la de entrada. De ella venían esos sonidos extraños, parecían quejidos de gente atrapada, carcajadas, gemidos, arañazos en la puerta, ruidos molestos, escalofriantes, como además un pútrido aroma que cubría mis sentidos más profundos.
Oscuridad, ruidos y olores hacían que me sintiera con el corazón latiendo más rápido que lo normal. No entendía nada y sobre todo cuando miré el espejo y sólo vi la imagen del muchacho en él y no la mía. El espejo parecía tener una nube gris y densa dentro de él, de la cual sobresalía la imagen blanca del muchacho, que me miraba fijamente a través de él. Supuse que la luz rojiza que vía provenían de sus ojos que se habían convertido en dos llamas penetrantes que me observaban.
- Como le dije antes – comenzó a hablar – todo es muy fácil. Ud. puede tener todo lo que desea, juventud, salud, experiencia, dinero, mujeres, vida......VIDA ETERNA - remarcó con una voz que me asustó por la forma en que no encajaba con la anterior – Sólo si accede a ser el guardián de este espejo.
- ¿Qué quiere decir ser el guardián del espejo?
- Que debe cuidarlo con su vida.
- ¿Y qué sucede si muero?
- Es que no podrá morir. VIDA ETERNA – repitió con esa voz, y añadió – JUVENTUD ETERNA.
Para estas alturas creo que mi presión había bajado o subido, no lo sé muy bien. Los sonidos y la oscuridad me envolvían en una lúgubre forma proveniente de ultratumba, y el olor tan fétido....Dije:
- ¿Y cual es el precio por esta VIDA ETERNA?
- Se lo repito: custodiar el espejo. Si intenta suicidarse, sólo será condenado a una vida de sufrimiento. Si se arrepiente luego, sólo tiene que conseguir otro guardián. El espejo no puede estar sin custodia.
La oferta parecía apreciable. Me quedé unos segundos pensando mientras que los sonidos desgarradores que venían de la otra habitación me taladraban los tímpanos junto a ese olor que penetraba por cada uno de mis poros.
- Y ¿qué hay detrás de esa puerta? – pregunté
- De eso no se preocupe. Yo me llevo todo lo mío si Ud. accede a ser el guardián del espejo.
- Y se puede saber que hay.
- Parte de mi vida.
- ¿Qué debo hacer?
- Aceptar o rechazar.
- Acepto – dije decidido
-¿Está totalmente seguro?
- Sí – afirmé.
El clima reinante dentro de esa habitación comenzaba a marearme, junto a esos sonidos espectrales, quería escapar, pero tenía que saber qué iba a venir.
El muchacho me miró profundamente desde el espejo, y desde sus ojos, la llama de un fuego muy profundo me invadió la vista:
- ¿Está totalmente seguro que acepta a ser el guardián del espejo a cambio de juventud eterna?
- Sí - volví a afirmar
Me entregó la llave con la cual entramos a esa habitación, para lo cual dejé de mirarlo por el espejo y lo miré a los ojos, que me asustaron. Dos segundos y volví al espejo y su imagen ya no estaba ahí. Miré a mi lado y recorrí la habitación y el muchacho no estaba.
La nube densa dentro del espejo comenzó a moverse en forma de remolino.
La puerta más antigua a mi costado, se abrió de golpe con un gran chirrido, y de pronto sentí un frío denso en forma de humo maloliente, entremezclado con densas carcajadas escalofriantes, que pasó delante de mí atravesando la habitación y penetrando en el espejo.
La nube gris azulada dentro del espejo, se juntó a la nueva y fue desapareciendo y disolviéndose dejando de a poco reflejar mi imagen frente a él. La imagen de un viejo de 85 años, viejo, cansado y asustado, en una habitación oscura y totalmente vacía.
De pronto el silencio espectral dentro de toda la habitación helaba la sangre, y el aire se renovó. Un profundo olor a rosas pobló la habitación.
Nuevamente una nube densa gris azulada tapó mi imagen en el espejo.
Se me erizó la piel al escuchar, rompiendo bruscamente el silencio que poblaba ahora la habitación, una voz no terrenal, que decía entre carcajadas:
- Conseguiste tu deseo. Ahora eres el guardián del espejo. No intentes quitarte la vida, si lo haces, tu error será vivir encerrado en esa habitación....
Al momento de callar, la puerta más antigua al costado, se movió como invitándome a pasar. Mi curiosidad me llevó a verla. Era una pequeña habitación cuadrada que no decía nada. Vacía, sin ventanas, sin nada.
Volví a colocarme frente al espejo, sin verme, porque la nube comenzaba a moverse. De pronto, saliendo de la nube, un pequeño perro negro. Lo miré y me di cuenta. Una sensación de ternura total me invadió. Era “Negrito” el perro que amaba y que murió cuando yo tenía sólo 7 años. Sonreí y lo llamé. Tras él apareció mi abuela. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Quería tocarlos, pero ya comenzaban a salir todos, todos aquellos desparecidos, mi primo, mi tía, mi padre, mi hermano, mi madre, mis amigos, mis hijos....Todos estaban ahí. Como para abrazarme y yo queriéndolos besar a todos.
El silencio de la habitación fue roto sólo por mi sollozo de alegría al verlos, y nuevamente la voz volvió a hablar:
- Ahora eres el GUARDIÁN DEL ESPEJO y de TODOS TUS MUERTOS.
Y una carcajada infernal invadió la habitación.
Al momento, comenzaron a salir del espejo todas las imágenes que en él veía, mi “Negrito” y todos....pero no eran lo mismo que se veía en el espejo. Al tomar contacto con el exterior sus cuerpos se corrompían, sus pelos y sus ojos secos y fijos y sus carnes podridas, con heridas, ni se enteraban de que estaba ahí, sólo pasaban frente a mí para instalarse en la habitación pequeña. Al salir el último, la puerta se cerró con un fuerte golpe. Y el olor pútrido comenzó a invadir nuevamente la habitación, y los sollozos de mis seres amados comenzaron a penetrar por lo más profundo del dolor de mi corazón.
El espejo quedó limpio de imágenes. Sólo yo frente a él, más cansado que antes. Sentí desvanecerme y creí morir, y cerrándose mis ojos vi mi cuerpo como iba cayendo frente al espejo.

Al abrir los ojos no sabía muy bien donde me encontraba. La claridad del sol que penetraba por los grandes ventanales, daba sobre la gran cama en la que me encontraba, entremezclado en sábanas de seda blanca. Me sentí invadido por una energía radiante y me senté de golpe en la cama. Al correr las sábanas vi mis piernas musculosas y jóvenes... y corrí hacia la puerta que conducía al baño y me paré frente al espejo a verme.
Lo que había ocurrido no fue un sueño, era realidad. Era yo, sin duda, con todos mis recuerdos, pero en un envase totalmente nuevo y hermoso.
Cantando de alegría, abrí la ducha y me di un baño. Fui al vestidor y las mejores ropas estaban ahí. No pensaba en lo que haría más tarde, no sabía, pero estaba dispuesto a disfrutar de mi nueva forma.
Me vestí. Al salir de mi habitación pasé por frente a la puerta antigua y recordé todo lo vivido. Entré a la habitación. Los gritos de mis amados y sus olores estaban encarcelados en el otro pequeño cuarto. Y el espejo devolvía mi imagen joven y reluciente.
No lo pensé más. Bajé a la cochera a buscar mi convertible rojo y a ponerlo en marcha.
Me dirigí al parque.
Divisé entre los ancianos sentados en los bancos, cuál tenía más cara de desesperanza y de poder soportar por siempre, los gritos y susurros de los amados que el espejo había liberado en la pequeña habitación.
Al ver uno, dando de comer a las palomas, me acerqué y le dije:
- ¿Puedo sentarme a su lado?
Noviembre 2008

4 comentarios:

Melba dijo...

Querido Edu, muy buena historia, como siempre. Un abraz♥

Javier Eguílaz dijo...

un magnifico relato edu, como siempre, un abrazo

Meli dijo...

Eduardo, cómo dominas el mantener la atención del lector hasta el final!!!! Eres un Genio!!!

Felicidades, gracias y un besote.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, muchos saludos desde Argentina!

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El Río de la Plata y yo

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