Brindo por lo nuevo (un corto relato)

Los momentos felices no se pierden del recuerdo. Y tengo tantos momentos acumulados que mi memoria vaga y divaga por los días corridos por mi vida.
De mi niñez tengo todo. Tengo ese sabor de que todos juntos disfrutamos un domingo a la mañana, caminando por el parque...y esa cosa de pensar que nunca acabará y siempre va a ser igual. Pero la vida te demuestra que todo pasa. Y uno nunca queda igual. Va creciendo, y a pesar de alegrías que transitas por instantes, también la tristeza y las pérdidas aparecen.
Uno corre y corre atrás de lo que busca y a veces, cuando se es joven, no se sabe bien qué se busca, pero se sigue corriendo. Quizás el placer lo lleve a hacer a uno cosas que ni pensaba, pero el tiempo transcurre, uno se va de casa. Se pone de novio, se casa, tiene hijos.
Y nuevamente esa sensación de que todo quedará así, intocable, para siempre. Esa felicidad de la casa llena, de olores y aromas a comida, de ruido de los niños correteando entre sus juegos.
Y el dolor siempre llega. Siempre, aunque uno no esté preparado para eso. Ni para las pérdidas. Primero fue mi padre el que partió. Luego un hermano. Mi madre, mi hermana, un tío, mis primos. Y fui quedando solo con la familia formada. Pero ellos también parten.
Bárbara se casó con ese gallego que la llevó a vivir a Madrid y Esteban se fue a México por su trabajo y ahí quedó.
Luego fueron partiendo de a poco mis amigos. Los más queridos, los más entrañables. Y uno va quedando solo. Con el miedo que le resta de los años que va descontando.
Ya hace dos años que partió mi querida Ana. Muchas fueron las cosas compartidas. Muchos los esfuerzos, las ganas, los deseos, los planes...tanta felicidad acumulada en una vida !!! Pero se fue.
El tiempo te lleva las cosas que uno quiere, hasta se lleva la candidez de la piel, o la elasticidad de los huesos, el cabello, las ganas de seguir.
Y desde que Ana se fue, quedé más solo y más viejo que mañana. Seguro. Porque no hice otra cosa que quedarme en casa y mirar el televisor. Pero mañana cumplo mis primeros 78 años y no pienso quedarme así con esto.
Hoy me compré esa tintura para teñirme esas canas que me quedan. Ya me teñí. Parezco otro. Un poco distinto al de siempre. Me he desacostumbrado al pelo negro, pero ya me voy a volver a acostumbrar. Ahora voy a salir a comprarme ropa nueva. No quiero verme siempre con estos mismos atuendos. Ropa que me haga bien, que me haga sentir al menos más joven, no ridículo, sí renovado.
Y mañana, como no tengo nadie con quien festejar mis 78, voy a salir al cine, luego a tomar algo a alguna confitería y por la noche a bailar tango, aunque no sé como se baila, al club donde iban mis amigos. Alguien voy a encontrar para tomar un trago.
Y ya lo estoy notando, ahora comienzo una nueva vida.
20/04/08

4 comentarios:

Melba dijo...

Hola, Edu. Emotiva historia. Gracias por traerla. Un abraz♥

Conral dijo...

Me ha hecho llorar.No puedo decirte más ahora. Volveré para leerte.
Un abrazo, amigo.

Meli dijo...

Vivir una segunda oportunidad .. pero ya sin los seres que hicieron felices aquellos momentos ..... no podrán repetirse ... quizá otros ... igualmente o más o menos felices ... pero los momentos pasan como las aguas de los ríos.

Y tan cierto!

Un enorme abrazo, Genio!

Eduardo dijo...

Gracias querida Melba por tus comentarios, Y Conralita, no llores, que no es para tanto, es la vida....Y Meli, siempre se puede vivir una segunda oportunidad, quizás más intensa, quizás menos, quien sabe...la vida nos propone distintos caminos. Obtemos por el que nos haga más felices.
Un beso a mis Tres Marías.

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El Río de la Plata y yo

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