El día del fuego (un pequeño relato)

Carlos, como todos los días, salió de su casa rumbo al trabajo. En el trayecto que va desde su edificio hasta la parada del colectivo, y mientras lo espera, siempre se fuma su primer cigarrillo. 8.30 de la mañana, parado en el poste del colectivo, fumando espera.
Pasa Jorge con un cigarrillo en la mano y lo ve fumando a Carlos y le pide fuego. Carlos saca su encendedor y Jorge da las pitadas a su cigarrillo.
- Gracias, que tengas un buen día.
- Igualmente.
Jorge va caminando tranquilo y sin apuro por la avenida, dos cuadras, fumando pausadamente su cigarrillo. En la tercer cuadra, y cuando estaba a punto de tirar su cigarrillo, se le cruza Ignacio apurado y le pide fuego. Jorge le da el resto de su cigarrillo para encender el de Ignacio.
- Gracias.
Ignacio se va apurado. Mira para todos lados. Está esperando un taxi que no aparece ninguno, y tiene que llegar a la reunión a las 9 y ya son las 8.45. Llega un taxi. Lo para,
se sube. Indica al conductor hasta donde va.
- Por favor, hasta Puerto Madero, lo más rápido que pueda. Tengo una reunión a las 9.
- Haremos lo posible por llegar antes.
El conductor, apura su marcha y esquiva coches entre las calles y las avenidas. Mientras tanto Ignacio pita y pita de su cigarrillo.
Cuando llega a destino, todavía con el cigarrillo encendido, el conductor le dice:
- Llegamos a tiempo, 2 minutos antes de las 9
- Sí, por suerte.
- Por favor, no me daría fuego, porque el encendedor del auto no me funciona y el mío se me acabó el gas. Justo antes de subirlo a Ud. Iba a comprar uno, pero estaba tan apurado...
Ignacio le da fuego de su cigarrillo. Paga y baja del coche, apurado hacia un edificio al que entra.
El conductor, sigue por Puerto Madero y ve que no hay mucho tránsito de gente. Pero antes de internarse en la ciudad, decide dar una vuelta por el bajo, hacia la Costanera sur. La mañana estaba soleada, y el día ameritaba un breve descanso, al menos visual.
El taxista, toma la avenida costanera y va tranquilo fumando su cigarrillo. Cuando se le acaba, lo tira por la ventanilla.
Esteban había salido a caminar por la Costanera sur. Después de andar por un largo rato, le agarraron ganas de fumar. Se había olvidado el encendedor, y hacía varias cuadras que no pasaba nadie para pedirle fuego. Vió volar un cigarrillo por la ventanilla de un taxi. Corrió hacia él, todavía estaba encendido y prendió su deseado cigarrillo.
Caminando lentamente se internó en la Reserva Ecológica, fumando despaciadamente y disfrutando su cigarrillo. Cuando se le acabó, pensó en que tenía ganas de seguir fumando, y antes de tirar el que tenía encendió otro cigarrillo. Tiró el primero en el camino de tierra y lo pisó para apagarlo. “ No sea cosa que cause un incendio “ pensó. Se siguió internando por la Reserva, caminando tranquilo con su cigarrillo. Al acabarlo, no pasó lo mismo que con el primero, sin darse cuenta, lo tiró entre los pajonales.
El sol del día y el viento secaban el ambiente. La pequeña llama del cigarrillo causó una pequeña llama entre las pajas secas. El viento avivó el fuego.
A las 7 de la tarde, cada uno en su casa, Carlos, Jorge, Ignacio, el conductor del taxi y Esteban prenden sus televisores para ver el noticiero. La noticia del día, incendio en la Reserva Ecológica. Los periodistas especulaban que el incendio había sido producido a propósito por aquellos empresarios que no quieren la Reserva y pretenden construir edificios ahí. Pero nunca, ninguno de ellos, se imaginó que estaban implicados cada uno en él.
21/04/07

3 comentarios:

Diamantina dijo...

De cuántos "incendios" seremos copartícipes sin saberlo. Esta es una historia bien hilvanada y ojalá muchos la conociéramos y cobráramos conciencia de no actuar a la ligera.

Un abrazo. Melba

Conral dijo...

Muy buena historia, Eduardo. Qué capacidad tienes para escribir relacionando historias... espero que algún día nos escribas una de humor!!!
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Eduardo,te admiro...como puedes escribir estas historias.
aqui estoy para darte la palmadita.
Besitos.
Lucero

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